Cuando siento que las cosas están empezando a ir mejor, que
de verdad puedo decir que estoy en proceso de superarlo, una imagen, una
palabra, a veces hasta una brisa especial me recuerda a ti. Y entonces las
pesadillas vuelven, los gritos en mi cabeza se hacen insoportables y los
colores se difuminan. Y estoy en el pozo otra vez.
Siempre supiste lo
tímida que soy. Lo mucho que me cuesta abrirme a la gente, incluso
contestarles, si no les conozco lo suficiente. Pero eso te dio igual; me
soportaste incluso cuando tenías que hablar solo, esperaste pacientemente a que
yo confiase en ti.
Lo único que sé es que contigo descubrí lo que de verdad era
vivir. Lo que era alejarse de las normas, de lo políticamente correcto. De lo
esperado. Vivir el día de hoy sin saber si mañana será igual. Sólo vivirlo sin
hacer preguntas. Tú me abriste los ojos.
Nunca me dejaste
devolverte el favor. Nunca tuve la oportunidad.
Ahora te has ido y yo
vuelvo a no saber cómo vivir. Paso los días encerrada, buscando una razón de
peso que me obligue a levantarme de la cama. Pero no la encuentro.
Antes eras tú.
Ahora ya no hay nada.
Cuando pienso, cuando
me atrevo imaginar como hubiese sido nuestro futuro juntos, simplemente me
quedo quieta en un sitio, sin recordar como era eso de respirar. La sola
posibilidad de poder haber formado parte de tu futuro, ya hace que me sienta
afortunada.
Una persona como tú
sólo se encuentra una vez en la vida,
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