Un día te das
cuenta de que el tiempo pasa y sigues en el lugar de siempre, y todo lo que eso
conlleva, sigues teniéndole miedo a las despedidas y sigues sin saber si
existen finales felices. Tus noches se convierten en jaulas y los días te matan
sin pedir permiso, pero un día te das cuenta de que estas tan vacía por dentro
que, solo de pensarlo te entra vértigo. Y lo que pasa es que no has conseguido
a nadie que te haya echo sonreír como si el mundo no doliese, le escribes y
cierras los ojos, detienes alarmas y te preguntas porque y hasta cuando, porque
y hasta cuando de todo.
Pero comienzas
a pensar que todo es lo mismo, la gente te mira y sonríe, y que sabrán ellos de
lo de adentro, de esas ganas de vomitar todas esas esperanzas que han caducado,
que tan solo ahora te dan dolor de cabeza. Y que sabrán que esos brillos de tus
ojos no son ilusiones, si no lagrimas que nunca aprendiste a derramar. Quizás
piensas que mañana todo ira mejor, pero no, mañana seguiremos aquí en el mismo
lugar de siempre, seguiremos siendo las coordenadas de un mapa en el que no
sabemos encontrarnos. Por eso debemos ser fuerte y seguir, la vida no viene con
una hoja de papel en las cuales haya instrucciones, nosotros solos tenemos que
aprender a llevarla a ella, y que ella no sea la que nos lleve a nosotros.
Debes
comprender que brillas sin ser una estrella y que hay silencios que separan sin
ser kilómetros, que la vida es un poquito así, sin sentido. Pero sé que nos
desesperamos por darle uno, un sentido con nombres y apellidos, a ser posible.
Un sentido que nos abrace por las noches y que no se vaya al ver tantas
heridas, si no que las comparta con nosotros. Y es que no hay nada peor que
alguien te rompa lo más bonito que tienes, es decir, las razones de sonreír y
los sueños.
Que ojala
pudiésemos elegir de quien enamorarnos, pero las cosas por desgracia no son
así, y muchas veces más de las que me gustaría terminamos teniendo insomnio por
alguien que irónicamente nos hace soñar. Y dicen que la mejor forma de olvidar
a alguien que nos duele recordar, es llegando a la conclusión de que no
merecemos eso, sino algo más, de que merecemos sangrar por alguien de que luego
venga a curarnos, de que la vida no es tan larga ni dura tanto como para estar
perdiendo el tiempo esperando trenes que ya han pasado.
Las cosas
llegan cuando menos las esperas, y que si siempre las estas esperando tardan un
poquito más, pero llegan, tarde o temprano.
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